Francis Ford Coppola, director de El Padrino y Apocalipsis ahora, comentó alguna vez sobre el actor Robert Duvall, al que dirigió en ambas películas, emblemas en la historia del cine: “Los actores se meten en el personaje en distintos momentos: la primera semana, la tercera. Bobby está buenísimo después de una o dos tomas”.

El calvo y fibroso Duvall no tenía el físico de un galán, pero pocos actores de carácter disfrutaron de una carrera tan larga, gratificante e impredecible, en papeles principales y secundarios, desde un predicador itinerante hasta Josef Stalin. Desde su debut cinematográfico en 1962 como Boo Radley, el vecino solitario en Matar a un ruiseñor, Duvall creó una galería de interpretaciones inolvidables. Éstas le valieron siete nominaciones al Oscar y el Premio al Mejor Actor por Tender Mercies, estrenada en 1983. También ganó cuatro Globos de Oro, incluyendo uno por interpretar al filosófico jefe de un arreo de ganado en la miniserie de 1989 Lonesome Dove, un papel que a menudo citaba como su favorito.

Robert Duvall, actor versátil y con dedicación inigualable, y cuyos papeles clásicos incluyen el intrépido consigliere de las dos primeras películas de El Padrino, falleció a los 95 años.

Duvall murió “en paz” en su casa el domingo en Middleburg, Virginia, según un anuncio de su publicista y una declaración publicada en su página de Facebook por su esposa, Luciana Duvall.

“Para el mundo, era un actor ganador del Oscar, un director, un narrador. Para mí, lo era todo”, escribió Luciana Duvall. “Su pasión por su oficio sólo era comparable a su profundo amor por los personajes, una comida exquisita y su capacidad para conquistar el público. En cada uno de sus muchos papeles, Bob se entregó por completo a sus personajes y a la auténtica esencia humana que representaban”.

Maestro de la sutileza

Llevaba unos 20 años actuando cuando El Padrino, estrenada en 1972, lo consagró como uno de los artistas más solicitados de Hollywood. Había dirigido una película anterior, The Rain People, con Francis Coppola, y el director lo eligió para interpretar a Tom Hagen en la épica mafiosa que contó con la participación de Al Pacino y Marlon Brando, entre otros. Duvall era un maestro de la sutileza como irlandés entre italianos, rara vez en el centro de la escena, pero a menudo escuchando y aconsejando en segundo plano, un hilo conductor insustituible en la saga de la familia mafiosa Corleone.

Todo amante del cine recuerda una de las escenas de Apocalipsis, en la que representó a la masculinidad desquiciada como el teniente coronel Bill Kilgore, quien disfrutaba con igual vigor del surf y de los bombardeos contra el Viet Cong. Duvall necesitó pocas tomas para uno de los pasajes más famosos de la historia del cine, proferido en el campo de batalla por un Kilgore con el torso desnudo y un casco de caballería, y el torso desnudo, a la vez que aviones de combate estadunidense vuelan a baja altura y bombardean una franja arbolada junto a la playa, donde él quiere ir a surfear: “Me encanta el olor a napalm por la mañana. Sabes, una vez bombardearon una colina durante 12 horas. Cuando todo terminó, subí. No encontramos ni uno, ni un solo cuerpo apestoso”.

Ese personaje se concibió originalmente para ser aún más exagerado (al principio debía llamarse coronel “Masacre”), pero Duvall lo moderó. “Hice mi tarea”, le contó el actor al veterano presentador Larry King en 2015.

Fue nominado al Oscar como actor de reparto por El Padrino y Apocalipsis ahora, pero una disputa económica lo llevó a rechazar la tercera entrega de la saga, una pérdida profundamente sentida por la crítica, los fans y sus colegas de El Padrino. Duvall se quejaría públicamente de que le ofrecieran menos que a sus coprotagonistas.

Sus compañeros actores se maravillaron de la meticulosa investigación y planificación de Duvall, así como de su energía contenida. Michael Caine, quien coprotagonizó con él Secondhand Lions en 2003, declaró en una ocasión a la Ap: “antes de una escena importante, Bobby simplemente se sienta, absolutamente callado; sabes cuándo no hablarle”. Cualquiera que lo molestara sufriría el conocido temperamento de Duvall, que se manifestó durante el rodaje del western de John Wayne True Grit, cuando Duvall se enfureció ante el consejo del director Henry Hathaway de “ponerse tenso” antes de una escena.

Duvall recibió un Oscar en 1984 por su papel protagónico como el atribulado cantante y compositor Mac Sledge en Tender Mercies, premio que aceptó vestido con un esmoquin vaquero y una corbata vaquera. En 1998, fue nominado a mejor actor por The Apostle, un drama sobre un evangelista sureño desobediente que escribió, dirigió, protagonizó, produjo y financió en gran medida. Con su habitual meticulosidad, visitó docenas de iglesias rurales y dedicó 12 años a escribir el guion y a intentar que se hiciera realidad.

Entre otros papeles notables: el líder de una banda de delincuentes que es emboscado por John Wayne en True Grit; Jesse James en The Great Northfield Minnesota Raid; el piadoso y asediado Frank Burns en MASH; el detractor de la televisión en Network; el Dr. Watson en The Seven-Per-Cent Solution, y el padre sádico en The Great Santini.

“Cuando estaba haciendo Colors en 1988 con Sean Penn, alguien me preguntó cómo lo hacía durante todos estos años, manteniéndolo fresco. Bueno, si no trabajas demasiado y tienes algunas aficiones, puedes hacerlo y mantenerte con hambre incluso si no tienes hambre de verdad”, declaró Duvall a la Ap en 1990.

A mediados de sus 80, recibió una nominación al Oscar como actor de reparto por su papel principal en El juez (2014), donde se le acusa de causar una muerte en un accidente de atropello y fuga. Entre sus películas más recientes se incluyen Viudas y 12 huérfanos poderosos.

Sin éxito en la escuela, con talento en el escenario

Robert Selden Duvall creció en las ciudades navales de Annapolis y el área de San Diego, donde nació en 1931. Pasó tiempo en otras ciudades mientras su padre, que fue almirante, fue asignado a diversas tareas.

Su experiencia de niño le ayudó en su profesión, ya que aprendió los matices del habla regional y observó la sique de los militares, a quienes retrataría en varias películas.

Se dice que Duvall se inspiró en su padre, oficial de la Marina, para su interpretación del militarista explosivo en El Gran Santini, basada en la novela de Pat Conroy. En 2003, comentó: “mi padre era un caballero, pero un tipo impetuoso y severo que pasaba mucho tiempo fuera”. Bobby se inspiró en su madre, actriz aficionada, tocando la guitarra y actuando. Era luchador, al igual que su padre, y disfrutaba superando a niños mayores que él.

Le faltaba concentración en la escuela y casi reprobó en el Principia College, en Elsah, Illinois. Sus padres, desesperados, decidieron que necesitaba algo que le permitiera seguir en la universidad y evitar que lo reclutaran para la Guerra de Corea. “Recomendaron actuar como una solución rápida para salir adelante”, recordó. ”Me alegro de que lo hicieran”. Brilló en las clases de teatro.

“Cuando estaba en la universidad”, declaró Duvall a la Ap en 1990, “había un hombre maravilloso llamado Frank Parker, que había sido bailarín en la Primera Guerra Mundial. Hicimos una obra de mimo completa y yo interpreté a un payaso Arlequín. Me encantó.

“Luego, interpreté a un hombre mayor en Todos mis hijos, y en un momento dado tuve un momento emotivo, donde la emoción se desbordaba. Parker dijo en ese momento que no creía que la actuación pudiera ir más allá. Y este hombre era muy crítico. Así que pensé, al menos en ese momento, que esto era lo que quería hacer.

Tras dos años en el ejército, utilizó la Ley del Soldado para financiar sus estudios en el Neighborhood Playhouse de Nueva York, donde frecuentaba a jóvenes promesas como Robert Morse, Gene Hackman y Dustin Hoffman. Tras una actuación de una noche en Panorama desde el puente, Duvall empezó a recibir ofertas para trabajar en series de televisión, entre ellas La ciudad desnuda y Los defensores.

Entre sus trabajos bien remunerados en grandes producciones, Duvall se dedicó a dirigir proyectos personales: un documental sobre una familia de la pradera, We’re Not the Jet Set; una película sobre gitanos, Angelo, My Love, y Assassination Tango, en la que también actuó.

Duvall había sido bailarín de tango desde que vio el musical Tango Argentina en los años 80 y había viajado a Argentina decenas de veces para estudiar la danza y la cultura. El resultado fue el estreno en 2003 sobre un asesino a sueldo apasionado por el tango.

Su coprotagonista fue Luciana Pedraza, 42 años menor que él, con quien se casó en 2005. Sus tres matrimonios anteriores fueron con Barbara Benjamin, Gail Youngs y Sharon Brophy.